DERECHOS DEL HOMBRE Y DEL CIUDADANO

En esta fecha se cumplen los 220 años de la proclamación de los Derechos del hombre y del ciudadano, es decir, de las personas. La bruma de la historia quizás aleja nuestras miradas de lo que significó un hecho de tal magnitud, y la rapidez en la que transcurre nuestra vida cotidiana nos hace perder la visión de que no sólo no se está evolucionando en esta materia, sino de que hay un deterioro importante en el ejercicio práctico de los derechos, tanto de la persona como de cuanto más de la ciudadanía, si queremos dicotomizar el concepto. Creo que deberíamos hacer un alto en nuestras espirales y tomarnos al menos unos minutos para reflexionar sobre el tema. Y ante todo:
LEERLOS Y TRANSMITIRLOS, y ponerles un lenguaje no sexista.

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DERECHOS DEL HOMBRE Y DEL  CIUDADANO – París, 26 de agosto de 1789.
I – Los hombres “y las mujeres” han nacido, y continúan siendo, libres e iguales en cuanto a sus derechos. Por lo tanto, las distinciones civiles sólo podrán fundarse en la utilidad pública.
II – La finalidad de todas las asociaciones políticas es la protección de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre “y de las mujeres”; y esos derechos son libertad, propiedad, seguridad y resistencia a la opresión.
III – La nación es esencialmente la fuente de toda soberanía; ningún individuo ni ninguna corporación pueden ser revestidos de autoridad alguna que no emane directamente de ella.
IV – La libertad política consiste en poder hacer todo aquello que no cause perjuicio a los demás. El ejercicio de los derechos naturales de cada hombre “y de cada mujer” no tiene otros límites que los necesarios para garantizar a cualquier otro hombre “o mujer” el libre ejercicio de los mismos derechos; y estos límites sólo pueden ser determinados por la ley.
V – La ley sólo debe prohibir las acciones perjudiciales a la sociedad. Lo que no está prohibido por la ley no debe ser estorbado. Nadie debe verse obligado a aquello que la ley no ordena.
VI – La ley es expresión de la voluntad de la comunidad. Todos los ciudadanos “y ciudadanas” tienen derecho a colaborar en su formación, sea personalmente, sea por medio de sus representantes. Debe ser igual para todos “y todas”, sea para castigar o para premiar; y siendo todos “y todas” iguales ante ella, todos “y todas” son igualmente elegibles para todos los honores, colocaciones y empleos, conforme a sus distintas capacidades, sin ninguna otra distinción que la creada por sus virtudes y conocimientos.
VII – Ningún hombre, “ninguna mujer”  puede ser acusado/a, arrestado/a ni mantenido/a en confinamiento excepto en los casos determinados por la ley y de acuerdo con las formas por ésta prescritas. Todo aquél “o aquella” que promueva, solicite, ejecute o haga que sean ejecutadas órdenes arbitrarias, debe ser castigado, y todo ciudadano/a requerido/a o aprehendido/a por virtud de la ley debe obedecer inmediatamente, y se hace culpable si ofrece resistencia.
VIII – La ley no debe imponer otras penas que aquéllas que son evidentemente necesarias; y nadie debe ser castigado sino en virtud de una ley promulgada con anterioridad a la ofensa y legalmente aplicada.
IX – Todo hombre, “toda mujer”,  es considerado/a inocente hasta que ha sido convicto/a. Por lo tanto, siempre que su detención se haga indispensable, se ha de evitar por la ley cualquier rigor mayor del indispensable para asegurar su persona.
X – Ningún hombre, “ninguna mujer”;  debe ser molestado/a por razón de sus opiniones, ni aún por sus ideas religiosas, siempre que al manifestarlas no se causen trastornos del orden público establecido por la ley.
XI – Puesto que la comunicación sin trabas de los pensamientos y opiniones es uno de los más valiosos derechos del hombre “y de la mujer”, todo ciudadano/a puede hablar, escribir y publicar libremente, teniendo en cuenta que es responsable de los abusos de esta libertad en los casos determinados por la ley.
XII – Siendo necesaria una fuerza pública para dar protección a los derechos del hombre, “y de la mujer”  y del ciudadano/a, se constituirá esta fuerza en beneficio de la comunidad, y no para el provecho particular de las personas por quienes está constituida.
XIII – Siendo necesaria, para sostener la fuerza pública y subvenir a los demás gastos del gobierno, una contribución común, ésta debe ser distribuida equitativamente entre los miembros de la comunidad, de acuerdo con sus facultades.
XIV – Todo ciudadano “y toda ciudadana” tiene derecho, ya por sí mismo/a o por su representante, a emitir voto libremente para determinar la necesidad de las contribuciones públicas, su adjudicación y su cuantía, modo de amillaramiento y duración.
XV – Toda comunidad tiene derecho a pedir a todos sus agentes cuentas de su conducta.
XVI – Toda comunidad en la que no esté estipulada la separación de poderes y la seguridad de derechos necesita una Constitución.
XVII – Siendo inviolable y sagrado el derecho de propiedad, nadie deberá ser privado de él, excepto en los casos de necesidad pública evidente, legalmente comprobada, y en condiciones de una indemnización previa y justa.



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